ELIOT MAGNANI
En cuanto ese idiota intentó interponerse entre Cristine y yo, creyendo que podía darme la espalda, la sangre me hirvió, lo tomé por el hombro y lo hice a un lado. ¡Estaba furioso! ¿Con qué derecho nos interrumpió?
—La viste caer en la pasarela y ¿hasta ahorita se te ocurre preocuparte por ella? —pregunté sin apartar la mirada de él.
—Bueno, por lo menos no tardé casi diez años —agregó con la frente en alto, los dientes apretados y las mejillas tensas.
¿Cristine, había agarrado