JIMENA RANGEL
—Me disparó dos veces… ¡Dos! ¡DOS! ¡No fue solo un descontrol de emociones, me quería matar! —reclamé indignada y horrorizada, en verdad quería hacerlo ver como un pequeño malentendido.
—Pero solo te atiné una vez —agregó el doctor D'Marco como si fuera la mejor manera de defenderse.
—¡No importa! —de nuevo grité, pero el esfuerzo hizo que me arrepintiera. Me dolía tanto el abdomen—. Fue intento de homicidio aquí y en China. No se librará de esto tan fácil, lo juro, menos si me m