ELIOT MAGNANI
—Aquí están las grabaciones que obtuve de tu casa, como pediste —dijo Donna empujando la USB hacía mí—. No te preocupes, los policías verán que alguien robó el auto y se dio a la fuga.
—¿Cómo lo hiciste? —pregunté con el ceño fruncido y ella amplió su sonrisa.
—¡Porque soy una maldita genio! —exclamó y golpeó la mesa con suficiencia. Tenía un carácter explosivo—. Yo soy la clase de gente a la que ustedes los ricos recurren para resolver sus porquerías.
—Qué curioso, pensé que er