CRISTINE FERRERA
—Cristine, sé que la manera en la que nos conocimos no fue la más agradable —dijo Berenice con una mirada profunda de agradecimiento y ternura—, pero quiero que sepas que puedes confiar en mí. Yo… yo… te veo como mi amiga, incluso… como una hermana, claro si es que no te molesta que te lo diga.
Su cara se convirtió en un gesto de incertidumbre, como si esperara un golpe entre las cejas. Aunque en algún momento la odié, ahora no podía. Era una buena chica. Le sonreí y froté sus