ELIOT MAGNANI
—Sargento, gracias por informarnos del incidente, de inmediato levantaremos la denuncia necesaria —agregó Jimena terminando con su intervención.
—Claro, abogada, un gusto serle de ayuda —contestó con sarcasmo mientras apretaba las mandíbulas—. Al ser un auto de alto valor en una casa digna de un millonario como el señor Magnani, espero que me dejen ver las cámaras de seguridad.
—¡Por supuesto! Cuando me muestre la orden respectiva firmada por un juez, con gusto le entregaré cad