DEREK MAGNANI
Mis manos bajaron por sus brazos mientras mi nariz se deslizaba por su cuello, disfrutando de su olor y la calidez que emanaba su cuerpo, al mismo tiempo que el mío enloquecía. Tenía miedo de no poder controlarme y tomarla sobre el escritorio, y poco a poco ese miedo se volvía realidad.
Mis manos se posaron en su cintura y la amasaron con deseo, ansioso de retirarle la ropa y probar su piel, quería recordar a qué sabía su cuerpo.
Ella recostó su cabeza sobre mi hombro y su mano