CRISTINE FERRERA
—¿Cristine? —preguntó Carla sorprendida al verme y noté que perdió el color de sus mejillas.
—¡Carla! —exclamé mientras metía las manos a los bolsillos de mi pantalón, escondiendo sus credenciales, fingiendo que todo estaba bien y que no sabía nada, que mi estómago no se estaba retorciendo dolorosamente ni tenía ganas de vomitar—. ¿Cómo has estado?
—Bien… ocupada —contestó con timidez antes de acercarse al lavamanos—. Me sorprende verte aquí.
—Necesitaba un lugar donde comer