LUCA MAGNANI
El día transcurrió con demasiada tensión. Cristine llamaba insistente a Eliot, pero no contestaba, ni siquiera su ayudante en el trabajo nos podía dar razón. De pronto el departamento estuvo en un silencio muy incómodo. Los niños dejaron de jugar, los problemas de Berenice con su familia fueron desplazados y aunque mi prima quería mostrarse tranquila, era notorio que estaba alterada.
—¡Todo es tu culpa! —exclamó Bruno viendo a Leonardo—. ¡Tuviste que decirle todas esas cosas feas