BERENICE SPOTI
—Dije que alguien lo hizo, no que yo lo hice… —aclaró y su sonrisa se hizo más grande—, pero no me importa que estés sordita, con todo y tu discapacidad estoy dispuesto a quedarme con tu corazón.
¡Era tan insoportable como atractivo!
Antes de que pudiera hacer algo, sus manos me tomaron por la cintura y me pegaron a su cuerpo, envolviéndome en un brazo que me sonrojó. Cuando alcé el rostro hacia él, me vio con tanta dulzura que me sentí incapaz de reclamarle algo más.
—Te invito