—¿Estabas teniendo un sueño húmedo? —Él me mira levantando una ceja; no me gusta su expresión irónica.
—No, es solo que tengo calor —respondo deprisa y sueno mi garganta.
Intento alejar mis manos del lugar donde se encuentran, pero Milo las observa con fijeza y yo trago con fuerza.
—Ahí, ¿tenías calor exactamente aquí? —Se sube a la cama y trepa sobre mi cuerpo, se detiene en mi centro y me susurra; la vibración de su voz me hace estremecer de nuevo.
Sentir su traje rozando