DESPUÉS DE SER RECHAZADA,ME CONVIERTO EN LA OBSESIÓN DEL REY
DESPUÉS DE SER RECHAZADA,ME CONVIERTO EN LA OBSESIÓN DEL REY
Por: Lita Ren
1. LA NOCHE QUE LO DERRUMBÓ TODO

Eran las diez y cuarenta y cinco de aquella noche, cuando todo inició; cuando todo lo que conocía se derrumbó: cuando mi pareja me rechazó, cuando la ciudad fue devastada, cuando murió mi padre, por mi culpa. O por la sola razón de mi existencia, una existencia que hace unos años podría haber sido una bendición de la diosa, pero hoy no, hoy soy perseguida, hoy soy condenada, hoy soy una maldición para cualquier manada solo por ser la última loba blanca pura.

Hace años, antes incluso, de que yo naciera, ser una loba blanca pura era sinónimo de estatus y realeza, al ser la raza más pura de hombres lobo, casi tan puros como los licántropos. Que naciera una loba blanca pura, muy rara en nuestra especie, solía ser, con seguridad, la Luna más apetecida para cualquier Alfa. El aullido a la luna de la loba blanca, era famoso por traer alivio a toda su manada; además de que su sangre tenía dones curativos, lo cual era muy ventajoso, en tiempos de guerra, los que eran muy recurrentes, dada la violencia y territorialidad de nuestra raza.

Esto fue así, hasta el momento en el que los vampiros, raza inferior en fuerza y resistencia, descubrieron que beber la sangre de un lobo blanco puro, les daba habilidades superiores a cualquier lobo común, siendo capaces de destrozar manadas enteras para lograr hacerse con uno.

- Los vampiros detectaron la esencia de la loba blanca - Nos dijo mi padre, a escuchar el aullido de las patrullas de la manada - Están aquí… vienen por Alex.

Mi nombre es Alexandra, pero todos me dicen Alex, soy la hija adoptiva de Joel, el Beta de la manada Blackmoon. Cuando Joel se emparejó con mi madre, ella ya estaba embarazada. La diosa de la Luna no pudo darme un mejor padre. Presentíamos que vendrían por mi, pero jamás pensé que sería tan rápido.

- Debes protegerla, Clara - Dijo mi padre a mi madre.

- Joel ¿Qué harás tu? - Mi madre estaba aterrada. Mi padre besó su frente y la mía.

- Debo defender la manada. Con algo de suerte, solo serán vampiros normales. No sabemos si ya murió desangrado el último lobo blanco puro que capturaron.

- No puedes hacerlo, Joel… huye con nosotras, te matarán.

- Les daré tiempo para huir. Tu debes proteger a nuestra hija - Mi padre le entregó las llaves del carro a mi madre. Ella sollozaba. Mi padre la abrazó - Debes llevarla a la manada goldmoon. Solo los licántropos pueden protegerla.

Mi madre asintió y lo besó, son sus ojos llenos de lágrimas, sabían que era su última despedida. Mientras Clara corría a encender el carro, mi padre me abrazó.

- Te amo hija

- Papá… - lloré - De verdad lo siento.

- Nada de lo que está pasando es por tu culpa, Alex. Escúchame. Debes esconder tu loba ¿Me oíste? Nadie jamás debe saber que eres una loba blanca pura. Los vampiros solo pueden percibir la esencia del lobo blanco cuando se transforma. Jamás debes mostrar tu forma de lobo, escóndela de todo el mundo

- ¿Qué pasará contigo, papá? ¿Y qué pasará con Ethan? - Ethan era mi novio, el hijo del Alfa de la manada.

- Él es tu pareja, hija. Cuando todo esto pase, él sabrá encontrarte. Su conexión lo guiará a ti.

Cuando Ethan cumplió los dieciocho, hace dos años, percibió en mi, su mate. Desde ese momento nos hicimos novios, aunque aún no se ha enterado de que soy una loba blanca pura, ya que no han pasado ni siquiera veinticuatro horas desde mi primera transformación y mi decimoctavo cumpleaños. No he salido de casa desde entonces.

- Sube al auto, Alex - Entré al portaequipajes del carro, mi padre me cubrió con una manta.

Cerró la maleta y el auto arrancó. Mamá se movió con rapidez por las calles, golpeé mi cabeza tres o cuatro veces al girar el carro. Una frenada abrupta hizo que mi espalda golpeara con el espaldar del portaequipajes.

- ¡Malditos chupasangre! - Exclamó mi madre

- ¿Qué ocurre, mamá?

- Cambio de planes, Alex… Tendremos que cruzar por la vieja mina. Sujetate fuerte… tendremos que bajar la pendiente.

- Pero mamá, no hay camino hacia… ¡Aaah…! - Grité al sentir como el vehículo giraba agresivamente

- Silencio, Alex… estos mal nacidos te pueden oír

Levanté un poco la cabeza, con cautela, esperando que nadie estuviera viendo, y pude observar, como la horda de vampiros estaba por todos lados. Los lobos eran fácilmente abatidos por ellos, sin duda, aquellos chupasangre habían usado la esencia de un lobo blanco para realzar su fuerza al luchar y su resistencia.

De repente, entre el grupo de lobos logro divisar a Ethan, combatiendo contra los vampiros, protegiendo su manada con la fuerza de un futuro Alfa ¿Qué pensará cuando se de cuenta de que soy la responsable de todo esto? Ethan levantó la vista por un momento y miró a su alrededor, probablemente notó nuestra conexión. Continuó luchando sin descanso. Espero que, en el momento que los vampiros se den cuenta de que no estoy allí, se detengan y no tenga que morir ni un solo lobo más… pero, ¿Cómo van a darse cuenta de ello si no vuelven a percibir la esencia de la loba blanca? Simplemente escarbarán en los escombros de mi manada hasta que no quede un solo lobo.

- Mamá, tenemos que hacer algo…

- ¿De qué estás hablando, Alexandra? Dijo mientras giraba en otra dirección con fuerza. Me tambaleé y caí, golpeándome con el fondo del maletero.

- Auch… - volví a levantarme - Si los vampiros no sienten la esencia de la loba blanca, destruirán la manada, debo transformarme fuera de la manada, para que dejen de atacar Blackmoon.

- ¿Estás loca hija? Irían tras nosotras

- Pero si no lo hacemos… todos morirán, mamá.

Hubo un momento de silencio en el auto. Los segundos que mamá se permitió para pensar fueron eternos.

- ¡Mamá!

- ¡Lo sé! ¡Lo sé! Estoy pensando… Lo primero que debemos hacer es salir de la manada, de acuerdo? Ahora sujétate a lo que puedas… esto no será bonito

Observé a nuestro alrededor, era la zona cercana a la mina, estaba desierta. Era de esperarse, el primer ataque ocurrió en la frontera más cercana a nuestro hogar y la mina estaba al otro lado de la ciudad, era una zona prácticamente abandonada. La mina tenía un túnel que guiaba hasta las afueras de la manada. Solo había un detalle: La mina se encontraba a los pies de un gran escarpado. En forma de lobo, supongo que no sería difícil descender por allí, pero ni mi madre ni yo podíamos transformarnos, así que supuse que tendríamos que bajarlo a pie… estaba muy equivocada, ya que mi madre había pensado otro plan.

Escuché el vehículo avanzar y poco a poco me vi inmersa en el vacío. Me sostuve como pude al respaldo de los asientos traseros, esperando que esta caída no nos matara antes de lo que los vampiros lo hubieran hecho.

- ¡Aaahh…! - Grité y miré hacia adelante.

Mi madre iba tensa y con el volante bien sujeto, intentando sortear cada falla rocosa que encontraba en el camino, era una verdadera locura, pero, a mitad de camino, casi creí que lo lograría, cuando una roca levantó una de las ruedas delanteras y empecé a ver como todo a nuestro alrededor daba vueltas. los vidrios, el techo y las puertas, golpeaban las piedras, rumbo abajo de la enorme pendiente. El vidrio del portaequipajes explotó y salí despedida del vehículo. Sentí que mi cabeza rebotaba contra el terreno agreste y por un par de segundos mi mente permaneció nublada. Luego desperté de mi aturdimiento. Estaba a unos pocos metros del fondo del barranco, el auto había dejado de dar vueltas y yacía boca arriba. Me levanté con esfuerzo, mi ropa estaba en muy mal estado y mis brazos y, probablemente, mi cabeza estaban llenos de sangre, golpes y magulladuras, nada grave, a pesar de la enorme caída; o tal vez, el golpe en la cabeza me hacía disminuir la gravedad de la situación.

Corrí a ver a mi madre, el vidrio estaba roto, y ella se encontraba suspendida de cabeza, colgando del cinturón de seguridad. Estaba inconsciente, pero tenía la certeza de que aun estaba respirando - o mi “atontamiento” me convencía de ello.

Me incliné para desconectar el cinturón y la sostuve con cuidado, para evitar que se golpeara más de lo que ya lo había hecho. Mi madre es menuda y delgada y yo, mucho más alta, por lo que no fue una tarea difícil sacarla del carro.

- Despierta, mamá… tenemos que irnos… - Su cabeza sangraba.

No reaccionaba. Empuñé mi mano, para que la herida que tenía en la palma chorreara un par de gotas de sangre en sus labios. Unos segundos después, abrió los ojos.

- Oh… por la diosa… - dijo, quejándose - Que mala idea fue esa…

- Debemos irnos, mamá… si nos apuramos, en diez minutos estaremos fuera de la manada…

- Sí… Ve a buscar los bolsos al carro… Yo estoy bien - Dijo, incorporándose con dificultad.

Corrí al carro y saqué ambos bolsos. La tomé del brazo y caminamos con rapidez por el túnel. La mina tenía un recorrido de dos kilómetros y medio aproximadamente, en total oscuridad y soportando el frío intenso, para cualquier humano, recorrer ese tramo a oscuras era algo imposible, en la antigüedad era una muy buena táctica de ocultamiento para nuestra manada, ya que nuestro buen olfato y visión nos permitía caminar por los caminos correctos sin perdernos. Sin embargo, con los años, esta vía se fue olvidando, ya que con la llegada de los automóviles, andar grandes distancias en nuestra forma lobuna fue cada vez menos necesario. Después de un largo recorrido, al fin logramos vislumbrar la luz en el fondo.

- Ya queda menos… - comenté. Cuando sentí que el brazo de mi madre se tensaba - Mamá.

Mi madre cayó, se llevó las manos con dolor a su pecho.

- ¿Mamá?...

- No… Joel…

Fue cuando lo comprendí. Mi madre lo sintió en su vínculo. Mi padre estaba muerto.

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