Tropecé un paso atrás pero luego me detuve. No necesito tenerle miedo. No puede hacerme daño delante de toda esta gente.
Caí se acercó a mí, pero esta vez no di un paso atrás. Se paró frente a mí mirándome mientras yo contenía la respiración. Tenía los ojos inyectados en sangre y tenía círculos oscuros debajo de los ojos.
Parecía trastornado.
—¿¡Has tenido suficiente!? Sé que estás teniendo una rabieta y todavía me amas. Es hora de volver a casa conmigo —dijo agarrando mi mano, fruncí el ceño