León entró a la casa con los hombros erguidos. Su pecho se hinchó como si fuera dueño del lugar.
Antonio estaba sentado en el sofá mientras se levantaba para recibirlo. León le estrechó la mano antes de tomar asiento frente a él.
—No perdamos el tiempo, mi hija me ha dicho que los dos queréis estar juntos —dijo Antonio.
—Sí, escuchaste bien. Ella es mi compañera y quiero convertirla en mi Luna. —León dijo con confianza.
—¿Estás olvidando que ella es mi hija primero? Se le permite hacer lo que y