Susan estaba sonriendo para sí misma cuando alguien se acercó a ella y la sobresaltó mientras saltaba en su lugar.
—¿Te asuste? —Ara preguntó tímidamente, ganándose una mueca de Susan.
—Seguro que lo hiciste. ¿Qué pasaría si tuviera un paro cardíaco, eh? —Susan apenas comenzó a discutir cuando Ara dejó escapar un fuerte grito ahogado y saltó sobre ella.
—De ninguna manera —exageró, haciendo que Susan frunciera el ceño.
—¿Qué? —preguntó confundida mientras Ara la miraba boquiabierta.
—Ustedes se