Punto de vista de Michael
El cuerpo de Rosella ha estado en mi mente desde el día en que puso un pie en nuestra casa.
Todo en ella es como un maldito imán y no puedo evitar sentirme atraído por ella en todos los sentidos.
Las botellas vacías de lubricante, los paquetes de condones y las cajas de pañuelos se apilan en mi dormitorio por su culpa.
No puedo creer que no sea mía. Tengo la cabeza apoyada contra la pared del baño y el agua caliente cae en cascada por mi musculosa espalda, amortiguando las palabras obscenas que no dejo de decir sobre ella.
Joder... si alguien oyera lo trastornado que estoy, entraría en coma.
«Me encanta tu coño mojado, oh, Dios, tu cuerpo es tan suave y tierno», gimo bajo el agua.
Recuerdo la vez que los pillé a ella y a papá follando hace unas semanas, lo jugoso que estaba su coño, follando como una profesional.
«Tus gemidos me vuelven loco, el puro deseo de follarte duro y rápido mientras gimes, ohhhhhhhh».
Recuerdo cómo sonaba, sus gemidos celestiales, pu