Sabía que estaba en problemas en el momento en que asentí.
Los ojos de Lucas se oscurecieron con satisfacción mientras me sostenía cerca, con su gruesa polla enterrada profundamente dentro de mí mientras yo estaba contra la pared, con las piernas temblando.
—Esa es mi chica —murmuró, con voz baja y ronca de lujuria. Empezó a moverse lentamente, con embestidas profundas y controladas que me hacían jadear con cada golpe.
—Ahh… Lucas… —gemí, clavando los dedos en sus hombros—. Dijimos… que esta se