El restaurante que Noah eligió era pequeño, acogedor y tenuemente iluminado, con velas parpadeantes que proyectaban largas sombras danzantes sobre las desgastadas paredes de ladrillo. Era el escenario perfecto para un encuentro secreto, una reunión sobre libros.
Estaba sentada frente a Noah, con su intensa mirada fija en la mía. No podía negar la atracción que sentía hacia él. Había algo en él, algo intrigante, que me atraía y me hacía sentir cada vez más curiosa.
—Dime, Emma —dijo con voz baja