La gran y antigua biblioteca era mi santuario, mi escape del mundo exterior. Me encantaba el silencio, la soledad y la forma en que el aroma de papel viejo y estanterías polvorientas me llenaba de una sensación de comodidad y pertenencia. Yo era Emma Hart, la tranquila bibliotecaria, con gafas nerd y libros siempre en la mano. Prefería mis libros a las personas, y mis fantasías a la realidad.
Una tarde, mientras devolvía una pila de libros a las estanterías y revisaba los nombres para colocarlo