Victoria nos llevó hasta una playa apartada. Estacionó el coche y se giró hacia mí, con los ojos llenos de deseo.
—Te deseo, Sophie —dijo con voz baja.
Sentí una oleada de excitación ante sus palabras, mi coño ya palpitando de necesidad.
—Yo también —susurré, desabrochándome el cinturón y acercándome para besarla.
Ella me devolvió el beso, su lengua deslizándose en mi boca. Sus manos recorrieron todo mi cuerpo, tomando mis pechos y apretándolos por encima de la camisa. Gemí, arqueándome hac