El aula estaba llena del suave murmullo de los estudiantes acomodándose en sus asientos. Yo me senté en la primera fila, como siempre, con mi cuaderno y mi bolígrafo listos. Me encantaba esa quieta anticipación que llenaba el aire antes de que el profesor Adrian Cole comenzara su clase sobre literatura victoriana.
El profesor Cole era un hombre cautivador. Su voz profunda y su mirada intensa siempre mantenían el aula hechizada. Era joven para ser profesor, apenas pasaba de los treinta, con un c