Los días pasaron rápido. La maldición estaba comenzando a sanar.
Cada mañana cuando despertaba, el ardor en mi pecho era más débil. El fuego constante que me había atormentado durante años se estaba convirtiendo lentamente en un dolor sordo. La presencia de Aria estaba funcionando. Su toque, su aroma, su cuerpo… calmaban a la bestia dentro de mí más que cualquier hierba o ritual.
Pero la manada seguía inquieta.
Los susurros nos seguían a todas partes. Algunos lobos la llamaban bruja, otros intr