Siempre había admirado a la mejor amiga de mi madre, Victoria Carter.
Había formado parte de mi vida desde que tenía memoria. Cuando era pequeña, la llamaba “Tía Vicky”, la mujer divertida y glamorosa que me traía chocolate y me dejaba probarme sus tacones altos mientras ella y mamá reían tomando vino. Era audaz y segura de sí misma, siempre vestida con ropa elegante que la hacía parecer una modelo de revista. Incluso entonces, pensaba que era la mujer más hermosa que había visto en mi vida.
Pe