La luna llena colgaba baja en el cielo, su luz plateada derramándose a través de las ventanas de la cabaña. Caminaba de un lado a otro por el suelo de madera, mis pies descalzos golpeándolo con inquietud, la piel sonrojada y hormigueando con las primeras oleadas intensas de calor.
Esta vez me había golpeado fuerte… más temprano de lo esperado, convirtiendo mi cuerpo en un horno de necesidad. Mi coño palpitaba sin descanso, mis jugos resbaladizos ya cubrían el interior de mis muslos, y cada paso