Su semen caliente seguía saliendo de mí, espeso y pegajoso, deslizándose lentamente por mis muslos hasta el asiento de cuero. Me quedé sentada en su regazo con el vestido subido hasta la cintura, respirando con dificultad. El coche olía a sexo. Sudor, mi humedad y su fuerte aroma.
—Joder… Eso fue intenso —susurré, con la voz temblorosa.
Mi coño seguía contrayéndose, todavía sintiendo las réplicas del orgasmo.
Ethan se recostó en el asiento, su gruesa polla descansando sobre su muslo, mojada con