Habían pasado unos días desde aquella salvaje y increíble noche en el coche de Ethan, pero no podía dejar de pensar en él. Cada noche me acostaba en la cama, deslizaba la mano entre mis piernas y recordaba cómo su gruesa polla me había llenado y cómo su semen caliente seguía corriendo por mis muslos.
No importaba cuántas veces me tocara, nunca era suficiente. Mi coño permanecía mojado y ansiando por él todo el tiempo. Extrañaba cómo me llamaba “putita necesitada”. Extrañaba la forma en que me s