Su apartamento era un pequeño estudio en un edificio viejo. No me importaba. Apenas registré el sofá raído o la pila de libros de texto que servían de mesa de café o la única ventana que daba a una pared de ladrillos.
Lo único que me importaba era la forma en que Liam me miraba, como si fuera una comida que estaba a punto de devorar.
Cerró la puerta detrás de mí, el cerrojo haciendo clic con una finalidad que aceleró mi pulso. No dijo nada. Solo caminó hacia mí, sus pasos lentos y deliberados,