Me desperté con el sonido de botas pesadas golpeando las tablas del suelo de madera, pasos que resonaban a través de las paredes delgadas. La luz del sol se filtraba por una ventana sucia, proyectando rayas pálidas sobre la cama.
Mi cuerpo dolía por el frío húmedo de la noche y, por un momento, olvidé dónde estaba. Entonces lo recordé… los desconocidos, la tormenta, el auto averiado. Me incorporé rápidamente, frotándome el sueño de los ojos, y miré hacia la puerta. Seguía entreabierta, tal como