Los primeros rayos de sol se filtraban a través de las pesadas cortinas de la suite mientras salía tambaleándome de la habitación, las piernas flojas. Llevaba el uniforme arrugado en los brazos… me vestí a toda prisa en el pasillo, la tela rozando dolorosamente contra mi piel en carne viva.
El semen se había secado entre mis muslos, un recordatorio pegajoso y constante con cada paso, y mi culo latía con cada cambio de peso, el dolor profundo e implacable. Me limpié la cara con una mano tembloro