Luego, tomé también sus huevos en la boca, chupándolos con suavidad, inhalando el aroma almizclado y masculino de él. Mi cara ardía, mi respiración era entrecortada por la nariz, pero aguanté. Aguanté todo de él. Con la boca llena hasta reventar, logré sacar la lengua, lamiendo la base de su tronco aún alojado profundo en mi garganta.
La mano de Marcus se cerró en mi pelo, tirándome hacia atrás. Jadeé en busca de aire, un hilo de saliva conectando mis labios con la polla brillante de Leo. «Bast