Agarré las llaves, alisé mi falda y salí al aire fresco de la noche, caminando hacia el almacén. Mi coño ya palpitaba, resbaladizo por haber releído esa nota en el coche, practicando las palabras en mi cabeza como un mantra.
«Ava», resonó la voz de Marcus desde las sombras, grave y autoritaria. «Justo a tiempo. Buena chica». Salió a la tenue luz de una bombilla colgante. Leo estaba a su lado, con una sonrisa arrogante, los brazos cruzados sobre el pecho, los ojos recorriéndome como si fuera car