Ava
Recuerdo la secundaria como una pesadilla interminable, pero una que me retorcía las entrañas de formas que nunca pude admitir ante nadie. Leo y Marcus, esos hermanos que dominaban los pasillos como reyes, me tuvieron en la mira desde el primer día. Me llamaban basura, una puta inútil, me empujaban contra los casilleros y se reían mientras sus amigos miraban.
«Mira a la sucia pequeña», se burlaba Leo, su aliento caliente en mi cara mientras me inmovilizaba los brazos. Marcus se unía, tirándo