El baño de la oficina era diminuto, solo un lavabo y un espejo. Me eché agua en la cara, arreglé el pintalabios… corrido por su boca y bajé la falda. No había espejo para la espalda, pero sentía las huellas de sus manos en mi culo, tiernas al tocarlas. Mi coño palpitaba, dolorido de la mejor manera, el clítoris latiendo con réplicas. Ajusté la blusa, botones torcidos, y salí.
Dante esperaba junto a la puerta, corbata enderezada, pareciendo el típico tipo de IT profesional. Me tendió una botella