Nina
Era viernes por la noche y estaba aburrida hasta la médula. Ese tipo de aburrimiento en el que incluso desplazarte por las redes sociales te agota. Acababa de llegar del trabajo, me quité los tacones de una patada y tiré el bolso en el sofá. El apartamento estaba tan silencioso que podía oír el zumbido tenue de la nevera y el paso ocasional de algún coche afuera.
Durante un rato solo me quedé allí sentada, mirando el techo, preguntándome si esto era lo que se suponía que debía ser la vida