PHOEBE
Nos retiramos de la sala dejando a los familiares llorando en paz y con sus culpas. No fue hasta que llegué al piso de maternidad que vi a una mujer sonriéndole en brazos a su bebé que mis hormonas chocaron en mi cerebro. ¿Cómo puede ser la vida tan injusta? Mis ojos comenzaron a arder y me estaba faltando el aire.
—¿Phoebe? —preguntó una de las chicas del triage cuando miró que me sostenía con fuerza en el stand. Me sentí mareada y con muchas nauseas—. ¡Phoebe! —segundos después todo me