Pedro Genaro
El sol de la mañana golpeó la parte posterior de mi cuello mientras estaba de pie en medio del patio. El polvo flotaba en el aire, con sabor a piedra seca y madera vieja y quemada. Ajusté mi camisa, la tela rozando contra los vendajes envueltos alrededor de mi pecho. Cada movimiento se sentía como una lucha.
A mi alrededor, la finca era un paisaje dentado de vigas rotas y ladrillos caídos. Vi a hombres y mujeres arrastrando trozos del techo, sus movimientos lentos y pesados. Estaba