ISABELLA
Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente, el alfa estaba sentado al lado de la cama, mirándome el rostro con atención, como si estuviera tratando de descubrir algo a partir de mi aspecto.
—¡Alfa! —exclamé, mientras me echaba hacia atrás en la cama. Este Pedro era realmente extraño para mí, no estaba a la altura de ninguna de las cosas que había oído sobre él.
—¿Siempre has tenido este aspecto?
Su pregunta afilada hizo que se me encogiera el corazón, ¿había descubierto algo?
—¿A... qu