El amanecer en Velkan era un espectáculo de esplendor, y aquel día, el castillo irradiaba una energía inusual. Las torres proyectaban sombras largas sobre los jardines mientras los primeros rayos del sol teñían las piedras grises de un dorado cálido. Los soldados se encontraban alineados, con sus armaduras impecables brillando como espejos bajo la luz matutina. Mia había ordenado que cada detalle de la recepción reflejara la grandeza de su reinado y el poder de Velkan. Aunque Seth era, sin duda