Desde el otro lado del claro, Seth observaba, tenía sus ojos brillando con un triunfo malicioso.
—Te dije que no podías ganar —Susurró, acariciando el cabello de Ayla, que aún dormía en sus brazos.
Mia intentó moverse, pero las runas la mantenían inmovilizada. Aamon se acercó, haciendo que su sombra cayera sobre ella como un manto de derrota.
—Después de todos estos años... —Murmuró el demonio, inclinándose hasta que su aliento putrefacto le acarició el hocico. —Al fin eres mía.
Mia no resp