Capítulo 16. ¡Qué no se le olvide que soy su jefe!
- ¡Dra., agradezco por llegar a tiempo! Augusto se levantó y gentilmente le ofreció una silla frente a él. Mientras le ofrecía la silla, la recorrió con sus ojos, ese trasero lo estaba volviendo loco, se sintió apenado por aquellos pensamientos tan placenteros que tenía con ella y que no lo dejaban concentrarse, ni dormir y menos trabajar.
- ¡Dra., la hice venir, hasta aquí, para pedirle que, por favor, trabaje para mí en el ministerio de salud!
- ¿Dr., me gusta la idea, pero quien va a cuidar