En alguna región de los reinos celestiales, dos seres se dirigen presurosos a un gran tabernáculo que se encontraba suspendido en el aire, de tras de este había un enorme arco de oro y bronce que parecía estar conectado a otro plano de existencia.
—¡Gran maestro! ¡Gran maestro! — decían a voces estos seres. Sus apariencias eran extrañas.
El primero tenía una piel ligeramente purpura, su cabello era oscuro y largo, un velo tapaba su rostro, de los lados de su cabeza tenía un par de alas pequeña