TROY
Regresé a mi habitación con paso firme, pero por dentro seguía sintiendo tensión e inquietud, como una tormenta que se negaba a amainar. El silencio de la mansión me acompañó hasta la puerta, y al entrar, la cerré con llave sin dudarlo.
Me dirigí directamente a mi escritorio y abrí el cajón superior, con los dedos aún aferrados a la fría llave metálica. Por un instante, me quedé mirándola fijamente, reviviendo mentalmente todo lo que acababa de suceder bajo la mansión.
«Esto es necesario»,