TROY
Estaba en mi oficina, con una copa de vino en la mano, contemplando las luces de la ciudad a través del amplio ventanal. Mi expresión se mantuvo seria incluso mientras daba un sorbo lento. La noche era tranquila, pero mi mente no, pues demasiados pensamientos la invadían, y ninguno era sencillo.
Detrás de mí, oí que se abría la puerta. Ni siquiera necesité girarme para saber quién era, pues solo una persona entraría sin dudarlo a esas horas. Melvin entró con calma, cerró la puerta y se ace