MARIO
La oscuridad fue lo primero que sentí al abrir lentamente los ojos, y por un instante, no supe si estaba vivo o muerto. Sentía el cuerpo pesado y débil, como si ya no me perteneciera, e incluso respirar me resultaba extraño, como si hubiera olvidado cómo hacerlo correctamente.
La habitación estaba en silencio, pero oí un leve sonido cerca, como si alguien se moviera rápidamente, y de repente una voz fuerte rompió el silencio. «¡Jefe! ¡Está despierto!», gritó el hombre, con la voz tembloro