SEBASTIÁN
Sentí que la sangre hervía en mis venas hasta que pensé que podría explotar por la pura y sofocante rabia que me provocaban las patéticas y retorcidas exigencias de Troy. Bárbara había puesto el teléfono en altavoz, y cada palabra que salía de la boca de ese monstruo se sentía como un golpe físico en mi estómago, un intento deliberado de destrozar nuestras vidas mientras mantenía a nuestro hijo como rehén.
"Quiere que me dejes, quiere que te cases con él, y tiene la audacia de pensar