BÁRBARA
Caminé de un lado a otro en nuestra biblioteca, con mis dedos recorriendo el lomo frío de un libro encuadernado en cuero, mientras el peso de la ausencia de mi hijo amenazaba con aplastar mi propia alma. Sabía que mi esposo y mi padre me miraban con expresiones de pura y absoluta preocupación, pero había llegado a una decisión nacida de la desesperada y ardiente necesidad de una madre de volver a ver a su hijo con vida.
"Tenemos que aceptar las exigencias de Troy, pero solo vamos a orga