TROY
El silencio de nuestra mansión oculta empezaba a corroer mi cordura, pero sabía que tenía la carta definitiva que pondría a nuestros enemigos de rodillas. Caminé hacia el escritorio antiguo del estudio, con los dedos flotando sobre el teléfono desechable que servía como mi línea directa con la única persona que aún se atrevía a trabajar para nosotros mientras el resto del mundo nos daba caza. Marqué el número cifrado, con el corazón latiendo contra mis costillas como un pájaro atrapado, y