TROY
Los neumáticos chirriaron contra la grava cuando finalmente llegamos a las puertas de hierro de nuestra finca secreta en la montaña, un lugar donde las sombras eran lo suficientemente profundas como para ocultar incluso a los hombres más desesperados. Mis pulmones ardían por la frenética carrera a alta velocidad por los sinuosos caminos secundarios, y mis manos aún temblaban por la adrenalina de saber que cada coche que pasaba podría haber sido una trampa tendida por nuestros enemigos.
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