CAPÍTULO VEINICUATRO: INOCENTE ATREVIMIENTO
MARÍA EUGENIA
Con la cabeza baja, pensando una vez más en lo que había hecho y no encontrando ningún error, la madre superiora frente a mí no me dejaba de regañar. En este mundo nada parecía hacer bien, cuando intentaba hacer algo bien, me daba cuenta que no, que ya lo había hecho mal. Justamente eso había pasado ahora, ahora que solo había intentado escuchar el alma de quien Dios le había puesto enfrente para ayudar.
— ¡No lo puedo creer, María Eug