CAPÍTULO SESENTA Y DOS: DESTINOS DIFERENTES
Y con aquellas reconfortantes palabras las lagrimas de Maria Eugenia desaparecieron. Su corazón se sentía menos pasado, como si una carga le hubieran quitado de encima.
-¿Tienes hambre?- La pregunto Rodrigo sin voltear a verla.
-A veces en la iglesia me tocaba cocinar para distintas causas, aunque ahora ya no tengo esa oportunidad se que en un futuro volveré a hacerlo. Y cuando lo logre por favor ven a visitarnos.- Le miro con una sonrisa.
-¿Por que