CAPÍTULO DOCE: DESESPERACIÓN
Todo quedó en silencio por un momento, solo miradas que divagaban de la una a la otra, Rodrigo y Yahir eran conscientes de aquellas palabras. No había nada que decir por parte del uno así como del otro, no había nada adelante, no había nada atrás, al final solo una confesión.
Para ese momento Rodrigo Ferrer ya podía saber lo que su primo estaba sintiendo. Seguramente eso no había sido más que otro de los caprichos estúpidos que él como nieto del señor Ferrer tenía